martes, febrero 05, 2008

¿Y los frijoles de olla dónde quedaron?

Yo vengo de una familia en donde comer es importante, donde el cuidado se demuestra a través de la comida. Este fin de semana me halagaron haciendo de comer especialmente para mí.

El viaje lo estuve preparando desde finales del año pasado, y un día Blue me dijo “qué quieres comer cuando vengas?” Yo pensando que se refería a restaurantes dije “quiero ir al merendero”. Luego Blue me aclaró que su mamá prepararía comida para mí y me dio varias opciones, las cuales ya había oido a través de nuestras conversaciones diarias cuando una mañana de lunes me contaba que comió un chicharrón guisado o almorzó huevitos en verde, o un miércoles cerca de medio día que me decía que el menú del día era mole verde o chorizo en salsa.

Así, el día que me preguntó le dije: “estoy entre el consomé de carnero y el mole verde”. Y entonces decidió que habría de los dos.

Antes de llegar a los platillos de Doña Maritza, tuvimos otras comidas deliciosas. El viernes, al llegar comimos unas maravillas preparadas por Pan: pastel de papa y espinacas con crema que acompañamos con un pollo rostizado. Y para terminar un plato de frijoles de la olla. Con lo que me encantan las papas y los frijoles. Pan es muy buen cocinero.

De la mesa nos pasamos a la terraza donde platicamos sin parar hasta como las 11 de la noche que nos fuimos a comer unos tacos. Regresamos a seguir la plática hasta casi las 3 de la mañana.

El sábado desayunamos unos ricos hotcakes con miel de maple pura que Pan preparó. Luego nos fuimos al merendero a comer, te sirven gran cantidad de comida, toda deliciosa: quesadillas, sopa de habas, requesón, totopos, tostadas, chicharrón, carne guisada con arroz, chicharrón guisado con frijoles, para terminar fruta picada con cacahuates, y el favorito de Blue (y mío), papas guisadas en una salsita roja como adobo.

En la tarde paseamos por el centro y nos sentamos a tomar café. En la noche, de regreso en casa seguimos la conversación otra vez hasta las tres de la mañana.

El domingo tomé un café cubano en la terraza y luego me metí a bañar. El baño se complicó pues se acabó el agua, no, no el agua caliente, el agua en general. Yo llena de shampoo. Le grité a Blue y dijo que en unos minutos habría agua, pero a la hora de llenar los tinacos se hizo una burbuja y nunca salió agua. Acabé bañándome a jicarazos con agua fría y gritando cada vez que me caía el agua en la espalda. Al salir me tomé otro café y como los invitados no llegaban nos comimos unos taquitos de pre-almuerzo. Uno de mole verde y otro de chicharrón. Qué difícil decidir cuál estaba más rico, tuve que escoger de cuál quería otro. Me fui por el chicharrón.

Cuando llegaron los invitados, unos tíos de Blue y sus papás, nos sentamos a comer un delicioso consomé de carnero. Se me hace agua la boca de recordarlo. El procedimiento es el siguiente: se hace uno un taquito de la carne y va comiéndolo junto con el caldito que tiene garbanzos. Dicen que hay que ponerle unos trocitos de chile de árbol doraditos al caldo pero para mí estaba suficientemente picoso, asi es que me comí el chile a mordidas con el taco de carne. ¡Realmente inigualable!

La sobremesa del almuerzo la hicimos otra vez en la terraza, con una deliciosa plática con los papás de Blue. En la tarde llegó Doris y cambiamos el tequila por un vinito tinto. En la noche salimos a comer chascas y churros y pasear por el jardin de San Marcos. De regreso más conversaciones. Esta vez sólo hasta las 12 de la noche pues al día siguiente tenía que manejar.

Ayer íbamos a ir a las gorditas de Victoria a desayunar, pero para que no se me hiciera tarde decidimos almorzar en casa: acabamos con el caldo. Luego me empacaron unos trastecitos con mole, arroz y chicharrón. En el camino venía pensando que no me pusieron tortillas y que yo iba querer llegar a comerme un taco, así es que al llegar a casa le pedí al portero unas tortillas. Me fui comiendo de dos en dos taquitos, uno de cada guiso hasta que ya no pude más. Afortunadamente me sobró suficiente para congelar y sacar otro día que necesite “comfort food”.

Gracias Doña Maritza por mi itacate y las deliciosas comidas. Gracias Don Luis por acompañarnos. Gracias Pan y Blue por ser tan buenos anfitriones.

Hoy me siento reconfortada: llena de pláticas y comidas hechas especiales para mí.

6 comentarios:

La Blu dijo...

dejaste la botella de tequila que seguro amenizará la próxima visita, y nos dejaste un vacío inmenso en tu habitación.

Te extraño sis.

Por cierto, ya sé a qué hueles: a manzanilla y yerbas finas. Claro... tenían que ser finas, ¿no?

Pillo dijo...

que ricooooooooooooooooooo..wey que hambre tengo no mamar despues de leerte..que hermoso suena el finde...las quiero a las 2...

Karen dijo...

La comida es importante... ¡tengo hambre!

Mond dijo...

Mmm... ¿y?

Aguas es un lugar especial por muchas cosas, pero la gente se lleva el premio mayor.

dijo...

ya con la compañía es mas que suficiente para pasar un finde increíble... hasta el bañarte con agua helada a jicarazos suena divertido! ya quiero ir..

Aldebarán dijo...

Cualquiera diría, por este post, que sólo llegaste a comer y a comer. ;-) Ya leeremos el segundo para enterarnos de las demás actividades.

Por cierto, y quitando lo picante de todo, parece que estuvo sabrosísimo. Ya me dio hambre.

saludos