viernes, agosto 01, 2008

Del cariño temprano

Hace unos días fue cumpleaños de mi sobrino. Recuerdo una ocasión, de las primeras que hablé con él por teléfono, que le pedí un abrazo y me dijo “¿cómo un abrazo por teléfono?” Uno de adulto se acostumbra a mandar abrazos y besos verbales, él mandaba besos reales y no entendía cómo mandar abrazos. Han pasado 23 años y cada vez que hablamos me da un beso, me lo truena, jamás me lo manda verbalmente.

Cuando le platicaba a Blue me dijo “¿por qué lo amas tanto?” y luego agregó “a lo mejor te parecerá una pregunta pendeja (sic) pero no tengo ningún pariente que me ame tanto como tú a él”.

No sé exactamente qué le contesté, algo de su sabiduría infantil y recuerdo que también comenté de cómo amaba a mis “hermanas menores”, pero como siempre que se me plantea algo así, la idea me sigue dando vueltas.

Lo seguí pensando y he elaborado una hipótesis (una de mis hermanas menores dice que tengo hipótesis para todo): es diferente el cariño que se desarrolla cuando uno ve crecer a alguien desde niño y tiene una diferencia de edad suficiente para ser consciente de ese crecimiento.

La primera vez que lo viví fue con mis hermanas menores. Tres niñas que no son hermanas, ni primas, ni parientes, pero que su mamá, la famosa Güera, decidió serían mis hermanas menores. No sé si fue a partir de que ella lo decidió o antes, cuando ellas se infiltraron en mi vida. Las vi aprender a caminar, a guacarear, a hablar. Cris me despertaba de mañana jalándome un ojo y preguntándome si ya había despertado y cuando la mamá desde lejos decía “¡ay! ya las fueron a despertar,” yo contestaba “no, Güera, ya estaba despierta.”

¿Cómo no amar a la niña que se sienta a tu lado a pasarte el rimel y la sombra, que sigue cada uno de tus movimientos y que al paso de los años ves convertida en ginecóloga? Aún sonrío recordando a la pequeña Mond decir que no me podía dar un beso porque se le habían acabado.

Una noche, pocos días después de llegar a vivir al DF y comenzar mi primer trabajo, llegué a su casa, donde aún vivía porque aún no conseguía un depa. Bk, la mayor de ellas me recibió en la puerta con una pregunta “¿nos preparas unas migas para cenar?” Yo no sabía cocinar, no me interesaba aprender y ella viendo mi cara de desconcierto me dijo “yo te digo cómo” me llevó a la cocina y jaló un banco al lado de la estufa para darme indicaciones: corta las torillas en triangulitos, sí, así están bien, ahora dóra las tortillas, con ese aceite es suficiente, ahora pon los huevos. La receta era de mi mamá y ella la sabía mejor que yo.

Estas niñas fueron creciendo y a su lado he vivido amores y desamores, tanto míos como de ellas, también viví un velorio hace poco más de un año. Amo las mujeres en que se han convertido.

Luego me ha tocado ver a mis sobrinos. Aunque nunca hemos vivido en la misma ciudad, siempre he tratado de mantener el contacto, de seguirlos y de estar con ellos lo más que puedo.

De Xilo aprendí a dedicar tiempo a entender las preguntas y a responderlas. Un día, tal vez cuando tenía 5 años, llegó a preguntarme de los resortes. Yo lavaba trastes y no entendí bien su pregunta por lo que le pregunté “Xilo, me hablas de un resorte en especial o de los resortes en general”. El me contestó con otras preguntas “¿cómo son los resortes especiales, cómo son los reportes generales?” Me detuve a explicarle la diferencia entre particular y general, lo hice, recuerdo bien, utilizando la cafetera que secaba en ese momento. Xilo, estuvo atento durante toda la explicación, cuando terminé me dijo “si me explicas así sí te entiendo,” se dio la media vuelta y se fue, ya sin más preocupación de los resortes. Siempre que cuento esta historia pienso que implícitamente me dijo “si yo no entiendo la idiota eres tú no yo” y es cierto, los niños entienden todo.

A Itzel la llevé a ver su primera obra de teatro. Tenía escasos 3 años. Se sentó y pareció no parpadear durante toda la obra. No dijo nada, no quiso ir al baño, no estaba aburrida, no preguntó cuánto faltaba, no quiso salirse. Toda su atención estaba puesta en el escenario. Al salir fuimos a comer y al terminar de comer dijo “ahora sí podemos ir a otro”. Le pregunté a qué otro se refería y dijo “a otro teatro”. Ahora está a punto de empezar su carrera de Artes visuales.

Uno ve pasar los años de uno mismo sin mayor sorpresa. Sólo te das cuenta que los años han transcurrido cuando uno de estos niños es ya un ingeniero, y la otra, a los pocos meses de vivir en Italia es capaz de entender las instrucciones en algún pueblo del sur de Italia y de dirigirte al lugar indicado.

Es sólo cuando has compartido la infancia de alguien cuando logras entender la magia del cariño temprano.

9 comentarios:

La Blu dijo...

Cuando cuentas estas cosas es que me haces llorar... y si lo dices así, sí te entiendo :)

Es verdad, cuando los vemos crecer es cuando ese cariño temprano se fortalece cada día más.

:) Ando sensible.

Besos.

Mond dijo...

¿Cómo comentas con lágrimas en los ojos? Ayer me decías que amas la MUJER en la que me he convertido y hoy entiendo un poquito mejor por qué.

No creo que haya sido cuando mi Má lo decidió. He aprendido que la conexión entre dos personas no la puede decidir un tercero, esa fue nuestra... es nuestra.

Así como llevaste a Itzel a su primera obra, nos has llevado a nosotras. A mi me llevaste, por ejemplo, a mi primer blog. Quizás los años hayan pasado y sólo te des cuenta de ello al hacer estas retrospecciones, pero hoy -más que ayer- eres "my sister, my wind".

P.D. Los besos que se "me acababan" en aquella época, me sobran hoy... just ask!

Ardilla/ Libelula dijo...

Que hermoso escrito!
Que bonito es hablar asi del amor, de ese que nace asi nomas, porque si.

TE quiero mucho

Aldebarán dijo...

Que nota más hermosa. Ya me sacaste la ternura.

Y tienes razón con tu hipótesis (y casi siempre es bueno tener una hipótesis para todo): hay cariños que nacen al ver crecer a esas personas "a ojos vistas"

Un abrazo

Karen dijo...

Creo que nunca te había leído un post tan personal y definitivamente me cautivó.
La distancia no me ha permitido ser una tía cercana, me suena extraño cuando mis sobrinos me dicen "tía", pero es indudable que los amo y que haría cualquier cosa por ellos.
Y tienes toda la razón, tener la oportunidad de ver crecer a alguien, te llena de un amor único e indescriptible.

BK dijo...

Te leí y me moviste todo...
El comentario? Tengo que esperar a que lo que se movió se asiente un poco.
Un abrazo y un beso y un "I love you".

dijo...

es cuando el amor es incondicional y verdadero, es cuando nadie te puede obligar a querer a nadie porque si no lo sientes, se nota.

por eso amo mas a mis enanos.

NuNu dijo...

Syl,

Me parece soy tu fan porque siempre me tocas los sentimientos cuando paso por aqui a leerte....Esa forma tuya de ser sencilla al describir la vida....sin complicaciones pero llena de amor....Me encanta....

Os dejo un beso enorme....Gracias por escribir en voz alta, por alegrar y estremecer estos ojos que se pasean por aqui....Que bello texto.....

Te quiero

Pillo dijo...

que hermoso post, el cariño temprano, desde el titulo me encantò...

Que fortuna ser espectadora fiel del desarrollo de estas vidas...

PD: y hoy vieran a la Mond con ese arcenal de besos, mi madre!!!