jueves, agosto 17, 2006

Pensamientos de café y de mañana

Hay algo de nostálgico en el despertar diario, en las rutinas de mañana, en las expectativas del día.

Quisiera que el tiempo fuera estático y el café infinito. Sobretodo esos primeros minutos de la mañana en que uno confunde los sueños con la realidad y todo puede ser posible. Quisiera extender ese tiempo y esa sensación, que mi taza no se vaciara.

Quisiera que el ejercicio no se tuviera que hacer todos los días, que con una vez que se hiciera fuera suficiente.

Quisiera despertar sin prisas todas las mañanas.

Me gusta el despertar a poner café en una mañana fría. El calor del café tiene más sentido.

Quisiera que sólo lloviera cuando estoy en casa y puedo disfrutar la lluvia.

Me gusta despertar todavía a oscuras, poner café y sentarme a esperar que surjan los colores en el patio.

No quiero llegar al último trago de café y a tener que empezar otro día.

lunes, agosto 14, 2006

Desaprenderte

Los primeros días, después de que te fuiste, seguí sintiendo tu mirada recorrer cada centímetro de mis piernas, y me di cuenta que tus palabras habían penetrado mi piel. Te escribí a diario, cartas que nunca mandé.

No fue fácil. Tuve que olvidarte sin odiarte ya que nunca hubo mentiras ni promesas. Hubiera sido más sencillo borrar tus caricias y tu voz, más fácil olvidar el olor a tabaco de tu piel, si te pudiera odiar. O tal vez hubiera sido aún mejor si pudiera ser indiferente. Pero no te quise odiar y no pude ser indiferente.

Seguí esperando una llamada o un correo, seguí esperando durante días y meses alguna señal de que me recordabas. Me conformé pensando que habrías escrito si fueras indiferente. Triste y único consuelo.

Y ahora te apareces. No, no finges que no pasó nada, tampoco intentas retomar las cosas donde se quedaron. Simplemente algo nos une: ¿un recuerdo?, ¿una posibilidad? No lo sé. Sé que es fuerte, nos permite una comunicación directa, suave, amorosa.

Te dije que no espero nada de ti. Y es cierto. No estoy enojada ni triste.

Pero sé que si me permito acercarnos será más difícil volver a olvidar el olor de tus manos en mi piel, no quiero desaprenderte otra vez. O tal vez es al reves y este no acercamiento hará más difícil separarnos.

jueves, agosto 10, 2006

¿Encuentro?

Salí de la casa como todos los días…no, en realidad salí hacia el otro lado y al llegar a la avenida fue cuando vi el coche de su hija. Lo reconozco porque es pequeñito y verde.

Lo iba manejando un hombre. ¿Podría ser él? En los topes casi lo alcancé pero los pasó muy rápido. Pensé que tal vez era otro coche parecido. Unos segundos topes y alcancé a ver. Era él. ¿Por qué ahora que lo veo, advierto una mueca que antes no notaba? ¿Por qué el verlo no me provoca emoción?

En la siguiente esquina cada quien se fue por su lado, así va la vida. Sin cruzarnos ya. Raro, ver a alguien con quien despertaste al lado tantas veces que ahora pasa a tu lado como cualquier otro.

lunes, agosto 07, 2006

Las calles

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Las calles de la Ciudad de México ya no son las mismas. Hoy caminé por Paseo de la Reforma. Una calle convertida prácticamente en peatonal desde la fuente de Petróleos hasta Avenida Juárez. No la recorrí toda, pero el pedazo que recorrí fue suficiente para saber que no podré volver a pasar por ella sin pensar en los campamentos que hoy están ahí.



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¿De dónde sale tanta gente? ¿A qué hora cambiaron sus vidas por la democracia? No puede uno pasar por los campamentos sin preguntarse estas preguntas y otras más, sin pensar cómo pueden todas estas personas haber hecho a un lado sus vidas para irse a vivir a estos campamentos y a apoyar un sueño. A lo mejor soy pesimista, pero me parece ser que la democracia en este país sigue siendo un sueño.


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Campamento tras campamento. Personas y personas sentadas viendo la tele, jugando ajedrez, cartas o dominó, viendo un espectáculo que se ha armado en la calle para entretener a los que están ahí esperando que el Tribunal decida lo que parece no decidirá. Letreros hechos en cartulinas y mantas que hablan del fraude. Gente que lleva un pequeño listón tricolor para afirmar que apoyan un movimiento. Un movimiento por la democracia. Democracia se me hace una palabra tan pesada de pronunciar y estas persona que están en los campamentos no parecen desvalidos ni desesperanzados, viven por la democracia, viven para hacerla realidad y yo no sé cómo sucederá. Y estas calles que tantas veces he transitado en coche ahora las recorrí a pie, viendo, sintiendo, oliendo, viviendo. Viviendo una necesidad por una certeza que no sé si se dará.

viernes, agosto 04, 2006

Dónde

Entra el sol de la tarde por la ventana. Cae en el piso de madera donde antes había una mesa. Ver esa luminosidad me recuerda las tardes abrazados en el sillón, viendo una película, tomando té o haciendo nada.

Hoy se han llevado todos los muebles y me preocupa encontrar estos rincones en la casa nueva, estas luces o sombras que la hagan especial.

Me paseo por los cuartos en los cuales hicimos el amor, nos veo acurrucados y oigo nuestros gemidos. Me detengo en la terraza a ver pasar los coches, recuerdo las noches en que salíamos a tomarnos un trago y platicar, oigo nuestras risas. Me siento en el gabinete de la cocina donde te sentabas tú a verme cocinar cuando terminabas de hacer la ensalada. La cocina se ve diferente desde aquí, me llegan olores de albahaca, estragón y tomillo.

¿Dónde quedan los recuerdos de las casas cuando te vas de ellas? ¿Se quedan guardados los olores y sonidos en los rincones o simplemente desaparecen?

lunes, julio 24, 2006

Campanas de viento

Se encontraba sentada en la terraza, la tarde comenzaba a convertirse en noche, el sol ya se había escondido y todo era penumbra. Soplaba un viento ligero que hacía sonar las campanas de viento que se encontraban a lo largo del techo de la terraza.

A lo lejos algunas luciérnagas empezaron a brillar. Supo que no llegaría esa noche aunque esperaba que lo hiciera. Una contradicción entre lo que se sabe y lo que se espera: lo que se espera es más fuerte y la certeza de lo que se sabe pasa a un segundo plano.

No podía precisar cuándo había sido la última vez que habían hecho el amor y menos aún la última vez que realmente lo había deseado.

Lo esperaba sin muchos deseos de que llegara. Una vez más sintió que tenían que separarse, pero no quería vivir en la soledad absoluta. Alguna vez le habían dicho que era peor la soledad cuando se está con alguien que no se quiere estar. Ella no lo veía así, le gustaba sentarse en la terraza a esperarlo, deseaba las comidas los fines de semana, la casa llena de gente. Cualquier cosa antes de estar en esta terraza oyendo las campanas y sabiendo que no llegaría. Ella prefería esta soledad acompañada.

Tomó el libro que había estado leyendo antes de que oscureciera y que se encontraba abierto sobre sus piernas. Recogió el separador que había dejado sobre la mesa y marcó el lugar donde lo tenía abierto y lo cerró. Lo mantuvo todavía entre sus manos unos segundos antes de dejarlo sobre la mesa en que estaban dos tazas, una vacía y otra con un resto de té, una tetera con agua ya fría, una canastita con bolsitas de infusiones y una azucarera.

Estiró las piernas y se abrazó, protegiéndose del viento, dándose un poco de calor sola. Adentro de la casa brillaban la luz de un reloj, el parpadeo del foquito de una videocasetera.

Pensó que no llegaría esa noche y que no le daría ninguna excusa. Siguió alerta al ruido del coche que se oiría al subir por el camino de terracería. Buscó los faros del coche. Se imaginaba levantándose a recibirlo, buscando sus brazos y sus labios. Y sin embargo, supo que al llegar no se movería de su silla y sólo diría “llegaste”.

viernes, julio 21, 2006

Valle

Es imprescindible salir del DF cuando se puede. El fin de semana me fui a Valle de Bravo.

Llegamos cuando empezaba a anochecer, justo cuando las luciérnagas se encienden entre los pinos y encinos que bordean el camino. Al poco rato empezó a llover, lo que nos dio un buen pretexto para encender la chimenea.



Las mañanas casi siempre son soleadas y en esta época son muy verdes.



En la tarde otra vez volvió a llover, y los charcos me dieron esta foto.



La Cirrus se hizo de nuevos amigos.



Entre lluvia y no lluvia, salió el sol justo antes de que terminara la tarde.

jueves, julio 20, 2006

Sin humo

Hoy llego a una casa un poco vacía. Tiene los mismos muebles y mi desorden normal, pero me había acostumbrado a otro orden.

También hay un silencio más profundo. Y es que los sonidos habían cambiado brevemente.

Ráfagas

De repente, justo antes de meterme a bañar, o cuando voy manejando de regreso a casa o en cualquier momento del día me llega tu olor. ¿Será que te extraño? O tal vez sólo te pienso.

martes, julio 11, 2006

Seis cosas

Hace algunas semanas o meses (últimamente mi sentido del tiempo anda medio desorientado) circuló por los blogs un “meme” que trataba sobre escribir de seis cosas que uno adora. Aunque a mí nadie me “contagió” tomo la idea.

Caminar por calles desconocidas, llegar a plazas o a rincones en que nunca he estado ni estaré pero que empiezo a conocer, tomar un café o comer algo que no he probado y que tal vez algún día lo haga. Meterme en la vida de personas desconocidas, enamorarme de algunos y detestar a otros, identificarme con todos. Involucrarme con sus situaciones de vida, verme reflejada en ellas y sentir cómo se infiltra dentro de mí conocimiento humano. Esto es lo que me sucede cuando tengo un libro en las manos.

Zambullirme en un mar de agua fría, mojarme los pies con el agua tibia de una playa, ver y oír la lluvia caer una tarde desde mi terraza, un regaderazo de mañana para despertar, pararme bajo el chorro de agua caliente al final del día para que el agua se lleve el cansancio físico, mental o emocional, beber un vaso de agua helada. Estas son algunas de las formas en que disfruto el agua. El líquido transparente que tomamos como dado aunque dicen que no va a durar para siempre. Yo no podría imaginarme el no tener agua para lavar platos, cocinar, o lavarme los dientes. Es un privilegio el sólo abrir una llave y tener una cantidad ilimitada de agua disponible.

Viejos amigos, con los que se tiene la complicidad de la risa. Nuevos amigos con los que se comparte una taza de café o una conversación. Juntarse con amigas a cenar. Pláticas hasta la madrugada. Ver una ventana aparecer en la pantalla de la computadora y conversar de forma electrónica con alguien en otra ciudad o en otro país. Recibir un correo. Entrelazar una mirada y saber que hay un entendimiento. La delicia de sentirte acompañada en la vida, ya sea por gente con la que tienes contacto diario como por aquéllos que ves con suerte una vez al año.

Un bocado de mole, un pan con queso o un risotto. Masticar y esperar que los sabores exploten en la boca. Preparar una pasta para amigos o un curry para mí sola, jugar con las especies para obtener una combinación especial. Recorrer el menú en un restaurante en busca del platillo exacto para el momento. Comer todas las frutas: las conocidas y las desconocidas. Compartir los gustos y disgustos. Encontrar el lugar donde se puede comer el perfecto chile en nogada, una maravillosa langosta, o unas quesadillas de huitlacoche. Cocinar con mi hermano, hacer la cena de Navidad y pastelitos de nuez con mi hermana, hornear una semita con mi tía. Adoro comer y todo lo que tiene que ver con la comida. Puedo hablar de comida hasta el infinito.

La Cirrus que recarga su cabeza en mi pierna. Observar sus estornudos para llamar la atención, sus brincos para avisar que el café está listo. Ver los perros callejeros en Chapultepec buscando el sol para echarse, husmeando entre los árboles, correteándose unos a otros. Verlos en las calles acompañados por sus amos. Ver sus actitudes, sus miradas, sus reacciones a otros perros, a las caricias a las palabras. Jugar con ellos. Me parecen perfecta compañía.

El sabor y sensación del primer café de la mañana.

jueves, julio 06, 2006

Vínculos

¿En qué momento se crea una amistad? ¿En qué momento se pasa de ser un conocido, un compañero de trabajo, o un jefe, a ser un amigo?

Comí con un amigo, al que tenía tiempo de no ver, y aunque sé que es alguien a quien quiero mucho, no sé porqué ahora me pesco desprevenida la calidez de su abrazo. Sé que tenemos un vínculo especial, pero a veces el saberlo no es lo mismo que sentirlo. Y me pregunto, ¿qué nos acerca tanto?, ¿qué nos hace tan amigos?, ¿o es porque nos vemos tan de vez en cuando que nos da tanto gusto vernos?

Cuando trabajábamos juntos no éramos tan cercanos. Cierto que en esa relación cotidiana vives el día a día con tus compañeros de trabajo, de repente platicas algunas cosas personales, y también compartes los sucesos que te ocurren. Pero en esa época no teníamos esta intimidad que se genera ahora apenas nos vemos. Hoy tenemos un vínculo que se siente a nivel estructural. Se siente en la naturalidad con la que platicamos, en la posibilidad de ser quienes somos y de decir lo que pensamos sin tener que recurrir a máscaras o a frases hechas. Me pregunto a qué hora se formó este vínculo, a qué hora los recuerdos de una época o la convivencia diaria se tornó en esta deliciosa amistad.

Supongo que surge de la confianza y admiración mutua, no lo sé. Lo que sé es la sonrisa y la calidez en el corazón con que salí después de comer.

martes, julio 04, 2006

Cambio de planes

Hoy en lugar de tardarme quince minutos en llegar a mi casa me tardé casi dos horas.

Venía con la intención de llegar a escribir un post que me anda rondando la cabeza desde hace unos días, y de irme a mi clase de yoga. Pues no pude hacer ninguno de los dos porque se me hizo tarde para ir a la yoga y llegué tan harta que ya no tengo ganas de escribir.

Es increible que un camión descompuesto haga que el tráfico se vuelva tan lento, tan desesperadamente lento.

miércoles, junio 21, 2006

Visitantes

Estaba en la terraza del hotel bebiendo una cerveza cuando llegaron dos palomas a visitarme. O más bien a comerse mis nueces de la India.




Les regalé una nuez a cada una y luego fue peor porque se empezaron a acercar al plato, tuve que poner el plato en mi regazo.



Me levanté a ver la vista desde la barda (ahí donde esta un muchacho en la primera foto) y por supuesto cuando regresé el plato estaba limpio. Que bueno que me llevé la cerveza conmigo.

jueves, junio 15, 2006

Los primeros días en Brasil

Después de comer una rica feijoada con caipirinhas me fui al Museo de Arte de Sao Paolo. Al llegar estaban algunos músicos levantando sus instrumentos. Ni modo, llegué tarde a la tocada.



En el museo había una exposición deliciosa de Degas. Al salir la tarde ya casi terminaba, oscurece demasiado temprano en esas latitudes a estas altruas del año. Las calles de Sao Paolo son como las de todas las ciudades grandes: llenas de edificios altos. Aunque tengo que confesar que encontré esta ciudad más ordenada y limpia que la mía.



Después de una noche en Sao nos fuimos a Guraujá que está en la costa a hora y media de Sao. Al llegar nos esperaba trabajo. La vista de las palmeras afuera y la gente jugando en la playa no lo hacía muy fácil.



En un descanso aproveché para ir a la playa donde había un par de muchachos practicando capoeira. El día era gris y llovía un poco, igual me quité las sandalias para sentir la arena en los pies y dejar que una ola mojara mis pantalones.



La camará acabó con una gota en el lente que salió como una mancha en todas las fotos siguientes. "Tienes que acordarte de limpiar el lente seguido" fue la instrucción que recibí de un amigo fotógrafo.

viernes, junio 02, 2006

Viajar

Viajar. Siempre me crea una expectativa-emoción-inquietud. La noche anterior duermo mal, entre la preocupación de empacar todo lo necesario y la anticipación de llegar a otro lugar.

Esta vez voy a un país totalmente nuevo y supongo que diferente a lo que conozco: Brasil. No espero nada semejante a lo que he visto de Sudamérica que sólo es algo de Uruguay y Buenos Aires.

Pienso en lo inmenso del país y trato de imaginarme ahí, oyendo este idioma que parece que cantan. Del que entiendo algunas partes y adivino otras.

Mañana pasearé por Sao Paolo, una ciudad con sus calles y sus gentes, sus olores y su luz. Buscaré su identidad o más que buscarla esperaré a que se descubra sola, como hacen las grandes ciudades acostumbradas a ser vistas por tantos turistas curiosos, hombres de negocios indiferentes y algunos viajeros.

Son ciudades que se muestran para quienes quieren ver y que se esconden para quienes no lo quieren. Cada lugar tiene su belleza como cada persona (o casi todas), aunque no siempre sabemos verla o disfrutarla. Cada lugar tiene su individualidad.

Me han dicho que Sao Paolo es feo, y yo me espero una ciudad diferente y linda: será mi primer contacto con Brasil.

lunes, mayo 22, 2006

Latitud y longitud

A veces cuando por la noche veo la luna llena o menguante, te  imagino viendo la misma luna. No sé si tu noche comienza antes que la mía, o después. Cuando es invierno y veo a Orion o cuando es verano y ubico a Cisne en medio del cielo, pienso que tal vez tus estaciones sean más marcadas que las mías.

En las mañanas cuando corro y veo el sol salir, pienso que tu amanecer puede tener distintos colores. O tal vez estás en un lugar donde las nubes permiten que los colores duren más.

Alguna vez al sumergirme en el mar pienso que tal vez tú te metes en el mismo océano o en otro mar. Al subir una montaña pienso que tal vez tu subas la misma cordillera en otra país u otra en otro continente.

Hay días que siento que nos acercamos, otros, especialmente en medio de un viaje siento que nos alejamos. No lo puedo saber con exactitud pues no sé donde estás. Puedes vivir en la calle de junto o del otro lado del mundo.

Te adivino pues sé que un día te encontraré. Entonces con certeza veremos el mismo cielo y tal vez podamos compartir la misma latitud y longitud.

sábado, mayo 20, 2006

Lluvia o flores


Aunque hace semanas comenzó a llover, no sé porqué apenas con la lluvia de ayer sentí que había iniciado la época de lluvias. Me encanta que llueva, pero tengo un conflicto de intereses pues la lluvia tumba las flores de las jacarandas.

Las jacarandas son lo que me reconcilia con el inicio de la primavera. Ya sé que a todo mundo le gusta esta estación, pero a mi no me gusta el calor.

No sé qué es lo que tienen estas flores azulosas que me alegro sólo con verlas.

lunes, mayo 15, 2006

Al despertar

Me gusta cuando te bañas en la noche y te metes a la cama desnudo junto a mí. Al amanecer ya se fue el olor del jabón y todavía no hay ningún olor externo.
Me gusta el sabor de tu aliento al despertar, cuando ya se borró el de la pasta de dientes y todavía no hay rastros de café ni de humo.
Me gusta oír tus primeras palabras de la mañana, cuando tu voz no se ha mezclado con los ruidos del día.
Me gusta ver tus ojos cuando entra la primera luz a la recámara y veo mi reflejo en ellos.
Me gusta recorrer mis manos por tus piernas tibias, con el calor de las colchas y la noche, y sentir como se desperezan.
Me gusta hacer el amor al despertar cuando somos más nosotros mismos, cuando nuestros sabores y nuestros olores aún están intactos.

miércoles, mayo 10, 2006

Recuerdos olvidados

¿Por qué cuando ya no te extraño sigues apareciendo en mis sueños? ¿Por qué demandas mi atención cuando ya no quiero dártela? En estos días tu recuerdo viene rara vez, pero basta una noche en que entres a mis sueños para amanecer con tu presencia persiguiéndome.

Ya no recuerdo tu olor, tampoco recuerdo tu mirada. O lo que quiero decir es que sólo recuerdo tu mirada fría, no la que me hacía llenarme de una ola de aire caliente cuando me veías. Ya no recuerdo lo que tus manos me hacían sentir al acariciarme y detenerse en los lugares que habían aprendido a detenerse. Olvidé también tu sabor en mi lengua, todos los sabores de los distintos rincones por donde la pasaba.

Te fui olvidando, poco a poco. Había días en que me aferraba a alguno de tus recuerdos, no quería que te murieras dentro de mí. Otros en que quería matarte afloraban sonidos y olores, recordándome lo que era vivir a tu lado.

Un día amanecí y ya ni quería olvidarte ni necesitaba recordarte, simplemente las palabras ya no reconstruían una sensación. Y así vivo: sin ti en el presente.

Y sin embargo, hay noches en que te sueño. De mis sueños aún no desapareces, y al despertar te presentas en mis pensamientos insistentemente. No regresan ni los sabores ni las texturas. Sólo son pensamientos tercos que me hacen acordarme de algunas pequeñas y torpes razones por las que un día te amé.

sábado, mayo 06, 2006

El crítico interior

Tengo varios días tratando de escribir algo para publicar. Retomé algunas historias que ya había empezado, comencé otras, pero ninguna me convencía. Hasta que me di cuenta que es el crítico interno el que no me dejaba en paz.

Tengo un crítico muy latoso, y entre más tiempo pasa sin que escriba, más se va aprovechando para no dejarme escribir. Algunas veces apenas si lo escucho murmurar, otras lo ignoro o lo silencio rápidamente, pero conforme pasan los días su voz se va haciendo más y más fuerte y su voluntad va adquiriendo influencia sobre la mía.

Hay días en que también se me aparece físicamente.Parece un hombre inofensivo, usa un sombrero café ligeramente ladeado hacia la izquierda, pero tiene una media sonrisa que me aleja de la computadora. Su voz, algo gangosa, me dice que nada de lo que escribo vale la pena, que no tengo nada importante que decir, y que no tengo ni una forma divertida ni interesante para decirlo.
Cada vez que me siento a escribir, empieza a hablar, a veces a gritar, de tal forma que no logro oírme a mi misma. A veces es tan latoso que ni siquiera me permite comenzar a escribir,  me hace sentir que no tiene ni sentido el esfuerzo de hacerlo.

Tengo que aprovechar los ratos en que se distrae, como ahora, para escribir. No importa qué escriba, lo importante es que logre burlar su autoridad para que luego pueda seguir escribiendo.

Voy sintiendo que me asfixio si no escribo, eso es lo que el crítico quiere: matarme. Afortunadamente hoy me le escapé, escribí estas líneas y ahora mismo las publico.

Trataré de no dejar que regrese para volver a publicar pronto.