martes, noviembre 08, 2011
Porque los vientos cambian de rumbo...
miércoles, agosto 26, 2009
Jota
Hoy por la mañana aumentó de dos a tres los ataques de risa que están permanentemente grabados en mi memoria.
El primero fue en algún lugar de Manhattan. Hice una pregunta al aire sobre si documentaba o no mi maleta, pensaba que daba lo mismo dos que una, al final del viaje habría que esperar. El no entendió a qué me refería y le causó gracia no sé qué cosa. Yo empecé a reírme de que no entendiera mi razonamiento, nos tiramos en la cama a reír sin parar apuntándonos uno al otro. Sonrío al recordar ese día en que un enredo sencillo nos hizo llorar de la risa.
Unos años después, anclados en una bahía del Mediterráneo , comimos una pasta tal vez, o a lo mejor uno de esos platos fríos o "crudités". Al llegar a la tabla de quesos, A y yo comentamos de cómo los quesos se debían cortar en secciones del centro hacia afuera para que el centro, que es lo más rico del queso, le toque a todos los trozos del queso. En el mismo instante en que asentía sobre nuestro comentario, el papá de A, corta transversalmente el maravilloso brie de queso de cabra que estabamos comiendo.
A y yo nos volteamos a ver y nos comenzamos a reír. El papá de A, no entendió de qué nos reíamos preguntó qué nos pasába. Las dos lo señalábamos a él y al centro del queso que se saboreaba sin poder articular palabra. No logramos contagiarlo, fue un momento entre A y yo.
Hoy, al despertar, M se metió a mi cama, y se tapó con la cobijita y dijo “ita” y como hago con muchas palabras de las que él sólo menciona la última sílaba le fui diciendo: co-bi-ja, en medio de mis sílabas él repetía: co-bi-ta. Le dije “ja” como “ja-ja-ja”. M se empezó a reír abierta y descaradamente de la jota que hacía yo tronar en mi garganta. Yo me contagié instantaneamente. Cuando estabamos a punto de terminar él volvía a llenar sus pulmones de aire y empezar a soltarlo. Le gustó tanto la sensación de reír así que no quería parar. Luego, se acercó y tocó mi nariz con la suya.
El pronunciar una jota fuerte toma un nuevo significado.
martes, junio 30, 2009
Noches sin luz
El verano que vine a vivir a México el crepúsculo llegaba con media hora de oscuridad total. ¿Lo recuerdan? Ese año había poca reserva de energía y la CFE decidió resolver el déficit cortando el suministro durante media hora en un momento de gran consumo de energía: el comienzo de la noche. Creo que se hacía escalonado por colonias, eso no lo tengo tan claro.
Algunas familias enloquecían con estos cortes diarios, no podían ver la tele, no podían calentar la leche en el microondas, algunas se paralizaban. Ella lo tomó diferente.
Todas estaban bañadas y en sus pijamas, la cena estaba servida, las velas dispuestas en los lugares precisos. Parecía que era ella quien bajaba el interruptor general. En un mismo movimiento se iba la luz y se encendían las velas una a una.
Sentadas alrededor de la mesa redonda del desayunador, con la noche entrando por la ventana, el silencio que dejaba la falta de aparatos eléctricos funcionando, invitaba a conversar suavemente. A veces la cadencia de la lluvia nos acompañaba afuera, otras sólo había dejado sus rastros y el olor a humedad. Las velas creaban una luz que evocaba historias de otros tiempos y algunas risas de complicidad.
No lo sé de cierto, pero sospecho que hay días, cuando alguna de nosotras prende una vela, que por la piel se cuela alguna historia o la sensación de paz de aquéllas noches de verano.
jueves, mayo 14, 2009
Trazos inconexos
Despierto. Camino a la cocina, en la esquina del comedor hay un brillo naranja tras las persianas medio abiertas. Al entrar en la cocina veo nubes del mismo tono. Recuerdo cenas en el mar, donde es más claro que los colores de la tarde tienen que ver con las nubes. Mientras muelo el café y lo pongo en la cafetera, el naranja se ha convertido en amarillo. Me asomo por la ventana que da al poniente en busca de más nubes y me encuentro con la luna casi llena que está por meterse. El café está listo,el amarillo también desapareció y la luna ya se oculta tras los edificios.
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Me paro en el quicio de la puerta mientras veo pasar coches por el eje vial. Oigo a Cirrus orinar y luego correr a oler la banqueta, el pasto que crece entre el concreto, el árbol más cercano. En el charco que dejó se refleja una flor roja. No tiene sentido. Busco en la acera de enfrente. No hay flores rojas. Desde la esquina de mi ojo veo unas bugambilias que cuelgan en el balcón del primer piso. Nunca había visto estas flores y hoy, el sol de la mañana, me las muestra.
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Los tres encima de la cama. Ella se acurruca hecha bolita con su hocico en su panza. El pasa su cachete y su nariz por el pelo blanco recién lavado de ella. Se acaricia con este pelo y sonríe. Lo repite una y otra vez. Al ver su sonrisa siento en mi mejilla el cosquilleo que él debe sentir. Sonrío. Mis dos pequeños amores se han hecho amigos.
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Cuento las campanadas del reloj para saber cuánto tiempo me queda. Es el primer ruido que oigo, ya despierta oigo también el ruido de los coches pasar. El viento mueve ligeramente la cortina blanca, la gruesa la dejé sin cerrar para dormirme con la luz de afuera como compañía nocturna. Me ruedo en la cama y me tapo. Ojalá la noche siguiera acompañándome otro rato.
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Dejo las luces de la casa apagada. Sólo prendo la de la cocina mientras él cena. Al salir la apago, la casa queda a oscuras, sólo las luces de la calle y la pantalla de la computadora en mi escritorio la iluminan. Me gusta la sensación de caminar en esta casi oscuridad. Salimos a la terraza a ver la luna llena que apenas sale tras los edificios. Hoy que comparto la luna con él, mientras aprende la palabra para nombrarla, recuerdo un viaje al Golfo de México. Yo tendría cinco años, y una mañana le dije a mi mamá que la luna no me dejó dormir en toda la noche. La siguiente noche mi mamá se encargó de señalar el farol que confundí con luna. Todavía hay días en que sigo confundiendo unas cosas con otras.
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Afuera llueve desde anoche. Dejó de llover algunos ratos mientras dormía. Oigo el agua levantarse con las ruedas de los coches al pasar. Siempre me ha parecido nostálgico este sonido, no sé por qué. La lluvia me arrulla y logro dormir otro rato.
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Es la hora del baño. Esperamos a que el agua se caliente, le lavo el cuerpo mencionando cada parte que voy tallando. Luego lavo su pelo y su cara, atrás de las orejas. Lo enjuago y cierro la llave. El me dice “llueve” y yo agito la regadera de teléfono para que salgan las gotas atoradas. El levanta su cara, cierra sus ojos y deja que el agua acaricie sus cachetes. Una mueca, casi una sonrisa.
lunes, diciembre 08, 2008
En lunes
Hoy se me coló la tristeza por debajo de la lengua, sé que fue por ahí porque no había ningún otro lugar por donde pudiera entrar. Me estrujó el vientre desde donde escurrieron algunas gotas saladas.
Siento en el cuerpo la languidez de la tristeza, y tengo una pesadez en cada movimiento. Al respirar, el aire no llega a los pulmones, se atora en la garganta. No tengo ganas de nada o pensándolo bien, tal vez solo de una tarta de nuez.
Llegué a la oficina con desgano, no parece que es lunes, tampoco quiero que se vayan rápidos los días ni para que llegue el viernes. Tengo frío interno, de ese que normalmente se siente en las noches de invierno cuando se está en una cabaña en las montañas y afuera nieva. Las manos se mueven con dificultad por el teclado, no reconocen las letras, no saben cómo se hilan unas con otras para formar las palabras que escribo. El teléfono suena y en lugar de palabras e ideas coherentes oigo sonidos irreconocibles hasta que me concentro y reconozco alguna a la que puedo contestar con frases inconexas.
Hay días así, supongo. Hay días para añorar a futuro o para saber que el presente se escapa y pronto quedará en pasado. Me adelanto, sí, y es que reconozco la ausencia desde antes de que llegue. Tu presencia ha sido tan completa que sé que tu ausencia no dejará espacio para nada.
viernes, octubre 31, 2008
Un rato en un pub
Camino por las calles de una ciudad inglesa nueva para mí. Voy sintiendo como el ambiente inglés me va infiltrando. Me meto a un pub y tras dudar un segundo pido una Guiness. Un muchacho joven con los brazos todos tatuados, arracada en la oreja izquierda y que luego descubriré tiene un arete en la lengua, me voltea a ver con expresión de sorpresa y me pregunta de dónde soy.
Hace tres días que llegué a Inglaterra y es el primer momento que tengo para disfrutar el estar aquí y será el único: mañana regreso a México. Llegué el miércoles por la tarde al aeropuerto de Birmingham, para descubrir que el hotel no estaba en esa ciudad sino en Daventry a 50 millas de ahí. Llegué al hotel pasadas las 7 de la noche. Al abrir mi maleta descubrí que mi ropa había sido reempacada, en un principio pensé que algunas cosas habían sido extraídas, afortunadamente no faltó nada. Me di un regaderazo y me reuní a cenar con las personas de la empresa que ya habían llegado.
El día siguiente fue un día largo, conferencias todo el día y en la noche una cena de gala de la que me salí pasadas las 12. Después de contestar correos me acosté, no demasiado tarde, pero batalle para dormir. Pasé una mala noche, una combinación de mi insomnio recurrente y tal vez algo de jetlag. Después de otro día de conferencias y un traslado al aeropuerto de Birmingham, después de dejar las maletas en el hotel empiezo a disfrutar de esta noche de minivacaciones. Tomo un monorriel y luego un tren para llegar al centro de la ciudad.
Lo que para algunos puede ser una mala frase de introducción a mí me parece directa y me lleva a contestarle y seguir una conversación agradable y divertida con Gareth. A los pocos minutos llega su amigo Dave que había ido al baño. Los dos critican mi opción de Guiness, todo mundo dice que esa cerveza no sabe viajar. Al pedirla pensé que estando tan cerca de Irlanda habrá llegado bien: no es así. Esta pinta no tiene nada que ver con la que tomé hace ya un año. Les digo que ellos son los culpables por no decirme qué debo tomar.
Platicamos de lo que hacen: Dave maneja una “lorry” que es un camión semipesado, Gareth es taxista. Platicamos de distintos países en los que han estado y trabajado. De qué les gusta y qué no de ellos. Y aunque parece increíble, Dave dice que los franceses no saben comer. Pienso que a los ingleses se les altera el gusto desde que nacen, es la única forma de que sobrevivan su comida, de ahí que la francesa les parezca mala. No encuentro otra explicación. Gareth dice que le gusta la carne totalmente cocida, que no soporta verla roja y aunque ha experimentado cerrando los ojos, dice que sabe perfectamente cuando está mal cocida. Yo digo que un rost beef rojo al centro acompañada de raíz fuerte es lo único rescatable de la comida inglesa. Pienso que tal vez la gran diferencia entre vivir en Europa y en México es el acceso que cualquier trabajador tiene a empleos legales en todos los países de la Comunidad.
Cuando termino mi terrible Guiness, me preguntan qué tipo de cerveza quiero, les digo que prefiero una ámbar y me comentan de las opciones que tengo. Me aconsejan que pida solo media pinta para probar, así es como “se debe hacer”. Ellos insisten en pagar mi Whorthington. Platicamos de la fobia de Gareth a las arañas. Le cuento de mi amiga que toma las arañas patonas y se las pone en sus brazos y veo como literalmente se le paran los pelos de punta en sus brazos de sólo pensarlo. Al terminar mi cerveza, la cual resulta ser mucho mejor que la primera, salgo a buscar algo para cenar.
Camino hacia la estación de tren en busca de un restaurante indio que vi al llegar, no lo encuentro. En lugar me encuentro dos chinos con la carta pegada en la ventana en caracteres hanzi. Y esa es otra historia.
martes, septiembre 30, 2008
365 para 50
He empezado este post varias veces y no avanzo.
Hoy lo único que quiero decir es que disfruto de vivir lo que me toca vivir y disfruto de tener en mi vida a todos ustedes, a mi familia y a Cirrus.
sábado, septiembre 20, 2008
En la Condesa
Vivo en la misma zona desde que llegué a México. Primero del otro lado del Circuito Interior, donde el casero aseguraba era la misma colonia. Luego, cuando estuve casada, encima de una panadería que ya desapareció y desde hace varios años es una tienda de cosas raras y muebles. Ahora, a la vuelta de ese departamento, casi llegando a una calle con camellón.
Yo digo que el desarrollo de la Condesa comenzó con la Garufa. No sé si fue el primero, pero es el restaurante que yo recuerdo comenzó a poner mesas en la banqueta. Luego siguieron otros y cafés y neverías, fue después que iniciaron las tienditas de ropa, de cosas esotéricas y chunches diversas.
Me encanta que se haya desarrollado la zona, a pesar de que los cafecitos de barrio iniciales han sido desplazados por Starbucks y las panaderías por Krispy Kreme y similares. Hoy me di cuenta que también empiezan a poner tiendas de cadenas como GNC y otra de productos de belleza que no recuerdo el nombre. A cambio de eso tengo una tienda de productos orgánicos donde consigo tortillas hechas a mano y mermelada de lima elaborada con azúcar mascabado. También tengo a dónde ir a cenar caminando o pedir comida cuando no quiero salir de casa.
Hoy amaneció bastante nublado, igual la mañana estaba deliciosa para caminar un rato. Nos fuimos Cirrus y yo al mercado, a comprar unas cosas en la tienda orgánica y a sacar dinero del cajero. De regreso, veníamos muy contentas disfrutando la caminata y anticipando la visita que tendríamos hoy, cuando le pregunté a Cirrus por cuál calle quería regresar. Como ella no tuvo claro qué prefería, di la vuelta para pasar por mi vieja casa. Mientras vivimos ahí, mi entonces esposo rentó el departamento de al lado para poner su despacho, como la propiedad era una esquina, la entrada de éste era por otra calle, precisamente por la que caminaba.
Unos metros antes de llegar a la esquina vi que alguien abría la puerta del que fue el despacho. Pensé que se parecía al que fue mi marido, aunque el hombre se veía algo desgastado. A diez pasos de él tuve una sensación extraña y sin pensar pregunté.
- ¿Carlos?
- ¿Sí? - contestó al tiempo que subió la mirada, la cual hasta entonces mantenía en la llave. Se quedó mirándome esperando respuesta. Sin reconocerme.
- Soy Tramontana.
- Hola.
- ¿Cómo estás? -me acerqué y le di un beso.
- Bien. Estoy bien. -Dijo con un tono abatido y una pausa que me indicó que algo acababa de pasar de lo que aún no se había recuperado.
- No sabía que seguías aquí.
- Sí. La oficina. ¿Vives por aquí?
- Aqui a la vuelta.
- Ah.
Le pregunté por sus papás y sus hermanas. Me dijo que sus hermanas estaban bien y me contó que su papá murió en diciembre, su mamá hace apenas veinte días. Ahí fue cuando entendí ese “Bien. Estoy bien”.
El no me preguntó cómo estaba yo, ni siquiera saludó a Cirrus. Se despidió apresurado. Yo nuevamente me acerqué a darle un beso y medio lo abracé. Tal vez no lo vuelva a ver en otros veinte años, tal vez fue un último abrazo.
Caminé las dos cuadras para llegar a mi casa, elucubrando quién sería yo si siguiera casada. ¿Correspondería mi físico, mi vestimenta, mis ademanes, con lo que vi en él? Creo que si me encontrara con ella no me podría reconocer. Tal vez por eso él no pudo reconocer a la que soy hoy. Y pienso cómo tan solo dos cuadras resultan en vidas tan distantes.
jueves, septiembre 11, 2008
Llorar por uno
Hace mucho que no lloro, o más bien, hace mucho que no lloro por mí. Seguido lloro por algo que leo, al ver alguna película o al compartir dolores o alegrías con gente que quiero, pero no logro recordar cuándo fue la última vez que lloré por mí.
Hoy, al llegar de la oficina, abro el agua de la tina y mientras se llena bajo a Cirrus, acomodo cosas, hablo con mi mamá, me sirvo un vaso de vino.
Me meto a la tina y me voy relajando, siento como los músculos del cuello se acomodan diferente, me mojo la cara con el agua tibia, inesperadamanete surge un sollozo. Finalmente permito que salgan las lágrimas. Hoy hubo varios momentos en que estuve a punto de llorar y me contuve. No podía llegar a una reunión con los ojos rojos. Tampoco quise que en la oficina me vieran el rimel corrido o los labios hinchados.
Sobreviví el día, pero aqui, sumergida en el agua caliente con sales y espuma de lavanda lloro.
Trato de pensar qué es lo que me hace llorar. ¿Qué me duele? Fue un día con frustraciones y una sensación de abandono se infiltró en mí. No logro ponerle nombre a la sensación, sólo siento que me hace bien llorar.
Publicadas por
Tramontana
a la/s
10:15
domingo, septiembre 07, 2008
De escribir
“I find myself saying briefly and prosaically that it is much more important to be oneself than anything else. Do not dream of influencing other people, I would say, if I knew how to make it sound exalted.” – Virginia Woolf, A Room of One’s Own
Hoy mientras corría pensé en cuál es mi objetivo al escribir. Creo que básicamente busco transmitir mi visión, mi experiencia. Y me doy por bien servida cuando noto que alguien visualizó lo que traté de expresar. Significa que escogí correctamente las palabras para describir las imágenes y sensaciones que traté de plasmar.
A veces me sorprendo cuando percibo que provoqué algo que no esperaba. En ocasiones logro identificar la parte del texto que logró crear esa impresión, otras no puedo explicar qué sucedió. En esos casos no me queda mas que suponer que algo de mi inconsciente conectó con el otro inconsciente en un nivel al que no logro acceder.
Esta reflexión surgió de ver una entrevista con la autora del libro “Comer, rezar, amar”. Aunque no he leído este libro, sé que ha sido traducido a más de 30 idiomas y ha estado en la lista de más vendidos por un año. En la entrevista que vi, varias personas hablaron de la influencia que tuvo el libro en sus vidas. Lo que más me gustó de la autora, Elizabeth Gilbert, fue su actitud. Ella escuchó lo que decía cada persona pero nunca se adjudicó los cambios que ellos hicieron, ni las modificaciones en sus conductas que los llevaron a distintos lugares. Su actitud fue de serenidad, recato, lo que en inglés nombran “unassuming”: a ella no le correspondían los triunfos de los otros, se alegró por ellos pero no se responsabilizó de esos cambios.
Lo que yo interpreto de su actitud es que las reacciones que provocan las palabras que escribimos no nos pertenecen, como tampoco nos pertenecen las palabras ya escritas. Las palabras que escribimos dejan de ser nuestras cuando las mostramos a otros. Lo que hagan ellos con éstas es de ellos, nunca de los que escribimos.
martes, agosto 19, 2008
¿Cómo llegué aquí?
But for that matter, how did any of us get here, she almost asked, and she looked at the people around her. What eruptions had shaken them loose from earlier patterns of living, lifted them to the fearful brink of choice, only to deposit them at crossroads poorly marked. – Stones for Ibarra, Harriet Doerr
Yo siempre digo que me cuido y también digo que me sé cuidar. Trato de comer ordenadamente, tomo mis vitaminas diarias, hago ejercicio por lo menos tres veces por semana, trato de dormirme temprano. También disfruto de mi tiempo libre, veo a mis amigas y amigos, salgo a comer a lugares ricos de vez en cuando, disfruto de mi casa y de mi tiempo de paz, me doy un baño de tina con sales aromáticas una vez por semana. Me consiento también comprándome música y libros que me gustan, ropa de vez en cuando, yendo a pintar y cortarme el pelo a un salón caro donde hasta tienen desayunos. Estas son las cosas que para mí son cuidarme.
Y sin embargo, de unas semanas para aca me he sentido cansada. Hoy amanecí muy cansada, en la oficina me dicen que estoy estresada, yo ya no sé, sólo sé que necesito desconectarme. En lo que lo hago sigo buscando un lugar suave donde descansar, una colchita con que taparme y un plato de sopa caliente.
Hoy amanecí preguntándome ¿cómo llegué aquí? ¿Cómo es posible que si me cuido no me haya dado cuenta de mi cansancio acumulado? No creo que se haya amontonado en la última semana. ¿Será que no puedo con el paquete que ando cargando? ¿Será que el trabajo es demasiado o no me sé administrar? No lo sé, sólo sé que esta mañana igual que la de ayer no me levanté a correr y no me sentí culpable.
martes, agosto 12, 2008
Deslizarse
Desperté en la madrugada. Me di vueltas para un lado, para el otro. Traté de silenciar mis pensamientos, o por lo menos concentrarme en una sola idea. A veces pienso que si puedo seguir una idea hasta el final podré dormir. Creo recordar que esto ya lo dije antes. Esta madrugada lo volví a intentar y volví a fallar.
Más vueltas. Sobre el costado izquierdo, sobre el derecho. Pasó una hora, otra vez sobre el costado izquierdo. Empiezo a deslizarme.
Me gustan ese dormir al que llego con ligereza, sin sobresaltos. Entro a una zona de sueños suaves, de cosas cotidianas que siguen su porpia lógica: movimientos con armonía y cadencia, palabras suaves, amigos entrañables y desconocidos a la vez. Hay que soltar, lo más difícil es aprender a perdonar los errores propios: volver a confiar: En los sueños todo se mezcla, las sensaciones los pensamientos diurnos, los silencios, lo que quisimos decir y no dijimos, estamos donde debemos estar como también sucede en la vida real. Abrí los ojos como si los acabara de cerrar y habían pasado varias horas. Salí del sueño igual que como entré, deslizándome. El tiempo externo no regula el de los sueños, ahí se viven años en minutos o segundos en horas.
viernes, agosto 01, 2008
Del cariño temprano
Cuando le platicaba a Blue me dijo “¿por qué lo amas tanto?” y luego agregó “a lo mejor te parecerá una pregunta pendeja (sic) pero no tengo ningún pariente que me ame tanto como tú a él”.
No sé exactamente qué le contesté, algo de su sabiduría infantil y recuerdo que también comenté de cómo amaba a mis “hermanas menores”, pero como siempre que se me plantea algo así, la idea me sigue dando vueltas.
Lo seguí pensando y he elaborado una hipótesis (una de mis hermanas menores dice que tengo hipótesis para todo): es diferente el cariño que se desarrolla cuando uno ve crecer a alguien desde niño y tiene una diferencia de edad suficiente para ser consciente de ese crecimiento.
La primera vez que lo viví fue con mis hermanas menores. Tres niñas que no son hermanas, ni primas, ni parientes, pero que su mamá, la famosa Güera, decidió serían mis hermanas menores. No sé si fue a partir de que ella lo decidió o antes, cuando ellas se infiltraron en mi vida. Las vi aprender a caminar, a guacarear, a hablar. Cris me despertaba de mañana jalándome un ojo y preguntándome si ya había despertado y cuando la mamá desde lejos decía “¡ay! ya las fueron a despertar,” yo contestaba “no, Güera, ya estaba despierta.”
¿Cómo no amar a la niña que se sienta a tu lado a pasarte el rimel y la sombra, que sigue cada uno de tus movimientos y que al paso de los años ves convertida en ginecóloga? Aún sonrío recordando a la pequeña Mond decir que no me podía dar un beso porque se le habían acabado.
Una noche, pocos días después de llegar a vivir al DF y comenzar mi primer trabajo, llegué a su casa, donde aún vivía porque aún no conseguía un depa. Bk, la mayor de ellas me recibió en la puerta con una pregunta “¿nos preparas unas migas para cenar?” Yo no sabía cocinar, no me interesaba aprender y ella viendo mi cara de desconcierto me dijo “yo te digo cómo” me llevó a la cocina y jaló un banco al lado de la estufa para darme indicaciones: corta las torillas en triangulitos, sí, así están bien, ahora dóra las tortillas, con ese aceite es suficiente, ahora pon los huevos. La receta era de mi mamá y ella la sabía mejor que yo.
Estas niñas fueron creciendo y a su lado he vivido amores y desamores, tanto míos como de ellas, también viví un velorio hace poco más de un año. Amo las mujeres en que se han convertido.
Luego me ha tocado ver a mis sobrinos. Aunque nunca hemos vivido en la misma ciudad, siempre he tratado de mantener el contacto, de seguirlos y de estar con ellos lo más que puedo.
De Xilo aprendí a dedicar tiempo a entender las preguntas y a responderlas. Un día, tal vez cuando tenía 5 años, llegó a preguntarme de los resortes. Yo lavaba trastes y no entendí bien su pregunta por lo que le pregunté “Xilo, me hablas de un resorte en especial o de los resortes en general”. El me contestó con otras preguntas “¿cómo son los resortes especiales, cómo son los reportes generales?” Me detuve a explicarle la diferencia entre particular y general, lo hice, recuerdo bien, utilizando la cafetera que secaba en ese momento. Xilo, estuvo atento durante toda la explicación, cuando terminé me dijo “si me explicas así sí te entiendo,” se dio la media vuelta y se fue, ya sin más preocupación de los resortes. Siempre que cuento esta historia pienso que implícitamente me dijo “si yo no entiendo la idiota eres tú no yo” y es cierto, los niños entienden todo.
A Itzel la llevé a ver su primera obra de teatro. Tenía escasos 3 años. Se sentó y pareció no parpadear durante toda la obra. No dijo nada, no quiso ir al baño, no estaba aburrida, no preguntó cuánto faltaba, no quiso salirse. Toda su atención estaba puesta en el escenario. Al salir fuimos a comer y al terminar de comer dijo “ahora sí podemos ir a otro”. Le pregunté a qué otro se refería y dijo “a otro teatro”. Ahora está a punto de empezar su carrera de Artes visuales.
Uno ve pasar los años de uno mismo sin mayor sorpresa. Sólo te das cuenta que los años han transcurrido cuando uno de estos niños es ya un ingeniero, y la otra, a los pocos meses de vivir en Italia es capaz de entender las instrucciones en algún pueblo del sur de Italia y de dirigirte al lugar indicado.
Es sólo cuando has compartido la infancia de alguien cuando logras entender la magia del cariño temprano.
domingo, julio 27, 2008
La visita
Me como la última galleta de la tanda. Sonrío recordando el momento en que Lau las preparaba mientras yo hacía mi famoso Tapenade en sus versiones verde y negro, que Lau no probó. Todos los que la conocemos sabemos que ella come pocas cosas. No sé si fue la almendra o las anchoas, porque creo que aceitunas sí come. Yo le ofrecí un pan untado y dijio “más tarde”.
El fin de semana estuvo lleno de conversaciones, o tal vez fue una sola desde la noche que llegó hasta el domingo por la tarde que la dejé en el aeropuerto. Aunque jueves y viernes yo me fui a trabajar y ella a un curso, el resto del tiempo platicamos sin parar. Platicamos mientras hicimos compras, tomamos un trago al Celtics, más tragos con Mond y otra amiga en el Fridays, fiesta de cumpleaños de Mond, tomamos tequila y pisco sour, comida de sushi en la mesa de centro de la sala que se sintió más japonesa, comida italiana en un restaurancito de la Condesa, paseamos por las calles aledañas a mi casa comiendo helado, chateamos y bloggeabamos una frente de la otra, desayunamos en la cocina. La plática unió todo, y en la tarde cuando Lau se bajó de Lacamio, la Cirrus rechinó un poquito. Regresamos a una casa silenciosa y no supimos dormirnos temprano después de cuatro desveladas al hilo.
martes, julio 22, 2008
Cinco razones...
- Un coche rentado con GPS.
- Correr viendo el mar.
- El sonido y el olor del mar.
- Una librería con libros de Silverstein.
- Llegar a donde hay que llegar.
lunes, julio 21, 2008
En el aeropuerto
Is there anything as horrible as starting on a trip? Once you’re off, that’s all right, but the last moments are earthquake and convulsion, and the feeling that you are a snail being pulled off your rock.
- Anne Morrow Lindbergh
Frecuentemente me preguntan si viajo mucho por mi trabajo, siempre digo que no, y es que viajo de repente pero que en realidad mi trabajo es aqui, en el DF.
Ayer por la tarde, mientras paseabamos Lau y yo por la Condesa comiendo un helado italiano, me habló el CEO de la empresa en Latinoamérica y me dijo "sin compromiso, pero fijate que el martes... en San Diego... un entrenamiento... perdón por la premura... tendrías que volar mañana..." Y bueno, después de dejar a la Lau en el aeropuerto, llegué a preparar mi viaje: reservar avión, auto, hotel y claro, a hacer la maleta (que en realidad terminé hasta esta mañana).
Fue en el camino al aeropuerto que me puse a pensar en los viajes de trabajo. Este año he ido dos veces a Monterrey, una vez a San Luis, el mes pasado fui a Montevideo y a Chile y hoy voy en camino al sur de California. El año pasado fui a Inglaterra y a Grecia, ah y también a Dallas. Claro dos viajes largos pero no muchos en cantidad.
Y es que una época de mi vida viajaba casi cada semana, básicamente a NY y a Houston.
Así es que yo sigo con mi creencia de que no viajo mucho por trabajo, pero empiezo a cuestionarla.
miércoles, julio 16, 2008
SLP
Cuando platicar de frente es una prioridad se organizan viajes. Así fue este domingo.
Yo tenía que ir a San Luis a una reunión el lunes por la mañana. Le pregunté a Blue qué tan lejos le quedaba a ella de Aguascalientes. “Dos horas y media”, me dijo, aunque en realidad son poco más de tres.
El domingo salí de mi casa de madrugada, para tomar el camión de las 7 de la mañana. Dormí las primeras tres horas de viaje y llegué a la terminal poco antes que Blue. Me senté a ver pasar gente y a los pocos minutos veo una mano que se asoma a lo lejos. Ella dice que sólo ella sabe abrazar “grande y apretado”, y así fue nuestro abrazo.
Fuimos al hotel a dejar nuestras cosas y salimos a caminar. Las calles y mercados de San Luis fueron el escenario de nuestra conversación peripatética. No teníamos prisa ni de llegar a ningún lugar ni de terminar temas. Entre compras de aretes, collares, queso de tuna y tamarindos, acumulamos frases que se convertían en relatos.
Después de algunas horas nos sentamos a comer: Blue una ensalada de atún (muy bien portada) yo un asado huasteco (delicioso todo). Una pareja bailó danzas huastecas. Ella lo veía a él como si no existiera vida en otro lugar. Yo le pregunté a Blue “¿es de verdad?”, convencida que esa forma de mirar no puede ser actuada. Blue me contestó algo del estilo “es que imagínate un hombre que baila”.
Caminamos otra hora en busca de un café abierto. Convencidas que no lo encontraríamos, nos sentamos en un restaurante donde yo preferí tomar agua de jamaica mientra Blue se tomó un mal café.
Luego ya no quedó tiempo mas que para recoger las cosas de Blue en el hotel y que llegara a la central a tomar su camión de regreso.
Siempre platicar ayuda a entender y cuando es de frente se revelan sentidos que no habíamos visto. Gracias por venir a verme.
sábado, julio 12, 2008
Del frío interno
Despertó creyendo que había dormido sólo cinco minutos. Vio el reloj y se dio cuenta que había dormido cuando menos una hora.
Sintió las sábanas heladas y un dolor en los huesos. Se preguntó a qué hora se coló ese frío en una noche de verano. No quería moverse, sintió el cuerpo pesado. Tiene que levantarse, sabe que necesitaba abrigarse y apagar el ventilador. Se recuesta sobre su costado derecho y se para jalando las piernas hacia el piso.
Se pone el pantalón de su pijama y el chaleco que usa para andar en la casa, sube el ziper hasta el cuello. Saca calcetas y las coloca en sus pies. A ella le gusta dormir con los pies desnudos aún en invierno y sacarlos de las cobijas hasta que se enfrían. Pero en noches como ésta necesita cubrirlos.
Conocea perfectamente estos episodios de frío interno. No sabe de dónde vienen ni qué los provoca, afortunadamente aprendió a resolverlos en el plano físico. Siempre ha querido encontrar el origen de ellos, se imagina está arraigado en algún lugar oscuro.
Bien abrigada se mete a la cama de nuevo y se envuelve en las cobijas. Tiembla por dentro. Quiere recordar la primera vez que tuvo esta sensación. Una vez más trata de pensar si estaban ligados a situaciones específicas. Recuerda que una vez sucedió después de un pleito con su pareja, aunque normalemente son como hoy: en un día cualquiera en que no ha pasado nada especial ni diferente.
Al principio pensó que tenían que ver con la temperatura exterior, con el tiempo supo que no. Por eso comenzó a llamarlo frío interno. Los episodios comienzan como un malestar indescriptible que se convierte en un viento, el cual se infiltra por dentro de los huesos y se instala provocando un malestar físico.
Sudar es la única solución que conoce. Subir la temperatura del cuerpo, sudar y seguir subiendo la temperatura. Así es como logra que se disipe el frío y los huesos se vayan entibiando. Después de unas horas de calor los musculos se distienden poco a poco y el malestar desaparece.
Tal vez sucede como presagio de algo que vendrá, tal vez por algo que no se ha resuelto. Lo cierto es que no puede definir nada concreto. Lo cierto es que es un frío que llena su cuerpo por unas horas y duele.
Despertó sudando y con la sensación de haber superado ese frío interno una vez más.
jueves, julio 03, 2008
¿Qué es Viento Tramontana? ¿Quién es Tramontana?
Dorix está haciendo su tesis sobre blogs. Cuando me enteré de su proyecto me pareció necesario ser parte de su estudio. No sé si ella me pidió que participara pero creo que más bien la forcé. El caso es que me hizo una entrevista que integrará en su tesis. Claro, por MSN, ¿de qué otra forma iba a ser?
La entrevista la hizo en dos partes. La primera hace más de un mes y ayer en la noche terminamos.
Durante estas dos partes me hizo pensar en lo que significa el blog para mí, por qué lo comencé, como llegué al nombre, quién escribe, cuál era mi objetivo, cuáles son mis blogs preferidos, cómo he llegado a ellos, cómo me relaciono con los bloggeros, cuándo escribo, si escribo por hábito, para quién posteo. En fin, miles de preguntas. Y tengo que decir que Dorix es una gran entrevistadora, usaba mis palabras para intercalar sus preguntas.
Entre otras cosas me preguntó si algún día voy a dejar el blog y la verdad no se me ocurre que pueda suceder. Sé que por periodos me he alejado pero siempre regreso, es un refugio, es un escaparate, es parte de lo que necesito para sentirme completa.
Ayer al terminar la entrevista comencé a escribir este post por dos razones: quiero compartir esta experiencia y porque me hizo pensar en el compromiso que tengo con este espacio que ha estado abandonado por las últimas semanas.
A la pregunta “¿Qué es para ti el blog?”, contesté: “Es una forma de expresarme, de definirme, es una forma de relacionarme y sin duda un experimento literario muchas veces, me gusta ser leida, ser interpretada, y oír comentarios.”
A veces los comentarios me hacen ver que no logro mi objetivo de transmitir una idea o sensación, lo que necesariamente me lleva a escribir mejor. Otras veces me hacen ver dimensiones que no había visto del texto. Quienes me lee me encuentran. Como le dije a Dorix: todo parte de una idea o una imagen a partir de la cual construyo una historia o un relato. Y ahí estoy yo.
En algún momento de la plática dije que las relaciones de los blogs eran mágicas y especiales. Dorix me preguntó qué le daba la magia. Creo que ahora tengo una mejor respuesta que ayer en la noche: no sé qué le da la magia, lo importante es que las personas que he encontrado y reencontrado aquí se han convertido en parte esencial de mi vida.
si dentro de 20 años me asomo a tu blog, ¿qué me voy a encontrar?, ¿es Tramontana?, ¿es su vida?, ¿son relatos de cierto tiempo? como si me asomo a ver las notas de Bourdieu
te vas a encontrar dibujos de una vida
a veces surrealistas
a veces impresionistas
a veces cubistas
con ficciones que pueden ser verdades
y verdades que pueden ser ficciones
jueves, junio 05, 2008
Encontrar el libro perfecto
Me ha costado mucho trabajo ponerme a escribir estos días. Ya ni siquiera sigo mis rutinas matinales de escribir en tres cuadernos distintos, o por lo menos dos de ellos, todos los días.
Trato de pensar qué es lo que me pasa y creo que encontré el problema. No he estado leyendo suficiente. En mi caso, inevitablemente leer me lleva a escribir y sin leer me cuesta trabajo escribir.
¿Y por qué no leo? Tengo un problema: hay tres libros empezados sobre mi mesita de noche y no tengo ganas de continuar con ninguno. Me molesta terriblemente dejar los libros sin terminar. Ahí al lado de mi cama están alineados los tres: uno más delgado, otros dos más gordos. Inevitablemente tengo la sensación de que si empiezo otro sólo se va a acumular a la pila de libros sin terminar y eso me angustia. No exagero al usar la palabra, tampoco es que viva el día angustiada, es que cuando pienso en leer se sube la angustia hasta mi garganta y me asfixia.
¿Qué hacer? ¿Cómo saber que el próximo libro que empiece lo terminaré?, ¿o cómo elegir el libro que puedo terminar?, y no sólo por obligación sino por necesidad, como debe ser.
Elegir un libro adecuado no necesariamente tiene que ver con el libro en sí, sino con el momento de vida.
Estoy convencida que los libros requieren cierto estado de ánimo, preparación, qué se yo, algo que yo llamo momento de vida . Me pasó tanto con Rayuela como con Notas desde el sotano (o el subsuelo). Empecé a leerlos en diferentes momentos y no podía avanzar de la primera página, me aburrían, me hacían bostezar, no entendía lo que leía. Y un día cualquiera, tomé de nuevo Rayuela y lo disfruté deliciosamente. Lo mismo pasó con el de Dostoievski, lo leí sin parar, sin querer separarme del libro. Me gustaron tanto que me pareció extraño que antes no los hubiera podido leer. Fue entonces que empecé a desarrollar mi hipótesis de que los libros tienen su momento. No quiero decir que esta teoría sea mía exclusiva, sino que yo la vivo como mía.
Estos dos casos, son sólo un ejemplo, esto me ha pasado infinidad de veces. Hace unos años, tal vez tres o cuatro, traté de releer Justine, del Cuarteto de Alejandría y no pude. Cada vez que comenzaba a leer me llenaba de una tristeza infinita y no podía seguir. Lo tuve que dejar, luego lo presté y no lo he recuperado, no sé si pueda releerlo ahora.
Hoy, sé que necesito encontrar un libro que rompa este patrón de los tres libros sin terminar y no sé cómo identificarlo. Tengo varios esperando ser leidos, podría salir y comprar uno totalmente nuevo, el problema es que no sé cuál y no quiero que se acumule un cuarto. ¿Me quieren ayudar a encontrarlo?
